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1. Diversidad cultural y globalización
Basta prender la radio_ mirar la televisión
o pararse frente a un kiosko de revistas y periódicos
para darse cuenta de la multitud de conflictos religiosos,
lingüísticos, raciales o nacionales que
conmocionan amplias zonas del planeta. En otras palabras,
conflictos en los cuales la cultura (lengua, religión,
modos de vida) y la historia (tradiciones nacionales
o étnicas) juegan un papel fundamental.
Estos conflictos tienen lugar en países que
nos suenan lejanos como Afganistán, Rwanda o
Somalía, pero también otros ubicados en
pleno corazón de Europa como Rusia, la ex - Yugoeslavia
e incluso España, donde los extremistas vascos
de la ETA continúan ensangrentando el país,
o hasta hace muy poco Irlanda del Norte, parte de la
muy civilizada Gran Bretaña.
Por eso, si durante buena parte del S.XX, el mundo
se vio envuelto en sangrientos conflictos ideológicos
que pusieron alguna vez al planeta al borde de su destrucción
atómica, algunos anuncian que el S.XXI estará
marcado por conflictos culturales, por lo que, Huntington
llama "el choque de las civilizaciones", y
cuando dice civilizaciones, podemos entender culturas(1).
Sin embargo, es posible que Huntington exagere pues
no todo es negativo. Basta también prender la
radio, mirar la televisión o pararse frente a
un kiosko de revistas y periódicos para ver,
por ejemplo, al presidente Fujimori frotándose
las narices con un jefe maorí en Nueva Zelanda.
Vimos esa imagen hacia mediados de 1999, en una reunión
de presidentes de los países de la cuenca del
Pacífico, que se perfila como el principal escenario
económico del S.XXI. Hasta hace algunas décadas,
pocos sabían donde quedaba Nueva Zelanda y casi
nadie había oído hablar de los maoríes,
y menos aún sabía que se saludaban frotándose
las narices.
Además, hasta hace algunas décadas se
creía que país desarrollado era sinónimo
de país occidental y cristiano; que para desarrollarse
los pueblos tenían que olvidar sus tradiciones
y volverse modernos. Tradición y modernidad se
entendían como dos polos excluyentes; y el desarrollo
como un proceso de modernización homogenizadora.
Conservadores, nacionalistas y revolucionarios compartían
el mismo criterio, aunque para cada uno de ellos el
final de la película fuera diferente. Para unos,
al final todos compartiríamos el "modo de
vida americano". Para los nacionalistas y populistas,
al final todos seríamos uniformemente mestizos
y castellanohablantes. Para los revolucionarios, todos
pasaríamos por un proceso de proletarización
para llegar a alcanzar el ideal del hombre nuevo proletario.
Hoy, por el contrario, se reconoce:
- Que hay diversos caminos a la modernidad y al desarrollo,
que el proceso no es necesariamente único,
lineal, ni conduce necesariamente a la uniformización.
- Que no hay oposición tajante y excluyente
entre tradición y modernidad. Mas bien las
tradiciones, o al menos algunas, pueden ser útiles
para el desarrollo, pueden constituir un activo y
no un pasivo en los esfuerzos por incorporarse ventajosamente
en el mundo global. A partir de estos dos primeros
puntos, se reconoce también:
- Que el desarrollo no se mide sólo por indicadores
macroeconómicos como producto bruto interno
(PBI) o ingreso per cápita, sino que implica
también factores de calidad de vida, sociales
y culturales. Comienza a reconocerse, por tanto, el
papel de las diferentes culturas en el desarrollo.
Más aún, la necesidad de imaginar un
desarrollo que posibilite el florecimiento de la diversidad
cultural, como afirma un reciente informe de la UNESCO,
titulado Nuestra diversidad creativa.
Estos cambios tienen que ver con el nuevo fenómeno
de la globalización, o mundialización.
En sentido estricto, podríamos decir que la globalización
se remonta a tiempos muy antiguos, desde que Colón
llega a América y Magallanes da la vuelta al
mundo, o desde la expansión imperialista del
capitalismo, especialmente a partir del S.XIX. Pero
en estas últimas décadas se producen un
conjunto de transformaciones que dan origen al fenómeno
que hoy se conoce como globalización(2).
Una de las caras de esa globalización es efectivamente
la homogenización, e incluso la uniformización:
en todos los rincones del planeta se consumen Coca-Cola,
Mac Donalds y las canciones de MTV. Pero la otra cara
de esa misma moneda es la fragmentación, o al
menos el fortalecimiento de identidades locales.
En efecto, no todos se 'aculturan' o no lo hacen totalmente.
Por el contrario, conforme se intensifican los contactos
entre pueblos y culturas diferentes se intensifica también
el deseo de esos pueblos de reafirmar sus identidades
propias. Esto sucede porque cualquier identidad colectiva,
cualquier Nosotros, se define en contraste con los Otros,
con los diferentes(3).
Por tanto, conforme se intensifican los contactos con
esos otros diferentes, surge la necesidad o al menos
la posibilidad de fortalecer ese Nosotros. Así
tenemos por ejemplo a los migrantes peruanos en EEUU
o en España, que son los que más extrañan
la comida y la música peruana, los que con más
devoción sacan las imágenes del Señor
de los Milagros o del Señor de Qoyllur Rit'i
en procesión por las calles de Madrid o Nueva
York. Llevada al extremo, esta tendencia a fortalecer
la identidad propia en contraste con las diferentes
puede desembocar en la xenofobia o en las denominadas
"limpiezas étnicas" que hemos visto
en tiempos recientes en diferentes partes del mundo.
Existen, por cierto, otras posibilidades. Siempre está
abierta la vía de la aculturación, de
olvidar la cultura propia y asimilarse a la hegemónica.
Los ejemplos de peruanos en el extranjero que ya no
quieren o no pueden hablar castellano; o de migrantes
quechuas o aymaras en Lima que no quieren o incluso
tienen vergüenza de hablar su propio idioma, son
también numerosos.
Lo cierto es que la globalización abre diferentes
posibilidades: puede llevar q. la uniformización
o al florecimiento de la diversidad cultural. ¿Cuál
es la mejor opción para el Perú en el
S.XXI?
2. La diversidad cultural
en el Perú.
Somos un país diverso y nos cuesta reconocerlo.
Somos uno de los países más grandes del
mundo. Ocupamos el19 lugar en extensión entre
el conjunto de casi 200 países. Si preguntamos
a jóvenes estudiantes por el lugar que ocupa
el Perú por el tamaño de su territorio,
pocos aciertan, no sólo por ignorancia sino por
baja autoestima, pocos creerían que estamos entre
los 20 países más grandes del mundo.
Dentro de ese inmenso territorio, poseemos una enorme
diversidad geográfica, biogenética y también
cultural. Las dos primeras son ya valoradas positivamente,
pero nos cuesta hacer lo mismo con nuestra variedad
de razas, lenguas, religiones, costumbres, tradiciones.
Si por algún desastre cósmico desapareciera
la vida en la tierra y mucho después alguna expedición
extraterrestre comenzara a buscar evidencias sobre la
vida en la tierra y excavando en el Perú encontrara
documentos de Sendero Luminoso, al leerlos con ayuda
de alguna máquina traductora pensaría
que este era un país tan homogéneo como
Islandia o Japón. Porque no existe una sola línea
en los documentos oficiales de Sendero Luminoso que
hable sobre las diferencias étnicas, lingüísticas
o culturales en general, que constituyen un problema
y una posibilidad en nuestro país. Considero
que esa ceguera ante la diversidad cultural fue una
de las causas de la derrota de Sendero Luminoso, que
terminó reprimiendo las costumbres "atrasadas"
de los campesinos quechuas, aymaras o de los asháninkas
y otros pueblos amazónicos a los que supuestamente
quería representar.
Pero éste no fue sólo un problema de
SL. Muchos de nosotros mismos, si bien reconocemos la
diversidad cultural, étnica y racial porque nos
la cruzamos en las calles, o en nuestra propia casa,
o en nuestro propio cuerpo, tenemos dificultades para
aceptarla como algo positivo. Nos es difícil
estar cómodos mirándonos al espejo y aceptando
la imagen cultural y racial mente diversa que el espejo
nos devuelve. Cuando la aceptamos, la diversidad aparece
casi como un castigo. Por lo menos hasta hace una generación,
era frecuente escuchar esta queja: "¿por
qué no nos conquistaron los ingleses? En ella
se traslucía una crítica a los españoles,
considerados flojos y abusivos, pero también
la oculta creencia de que los ingleses hubieran exterminado
a los indios. Porque no hay que olvidar que los pueblos
quechuas, aymaras y amazónicos, denominados indios,
indígenas o aborígenes, han sido y en
cierta medida siguen siendo, junto a los afroperuanos,
la parte negada o vergonzante de nuestra diversidad
étnica y cultural.
No es de extrañar, entonces, que hacia 1900
un diputado por Puno presentara un proyecto de ley para
el exterminio de la raza aborigen. Todavía en
la década de 1930, el filósofo y pedagogo
Alejandro O. Deustua, criticaba que se invierta dinero
en la educación indígena, porque:
"El Perú debe su desgracia a esa raza
indígena, que en su disolución psíquica
no ha podido transmitir al mestizaje las virtudes
de las razas en períodos de progreso...EI indio
no es ni puede ser sino una máquina" (Citado
en: Degregori 1979)(4).
Los tiempos han cambiado, mucha agua ha corrido bajo
los puentes, los pueblos indígenas se han liberado
de la servidumbre, muchos han migrado a las ciudades,
han ganado el derecho al voto y nadie se atrevería
a repetir las palabras de Deustua. Sin embargo, aún
hoy es difícil que aceptemos nuestra diversidad
cultural como un activo, más allá del
folklore y del turismo.
¿Por qué esa dificultad para reconocer
algo que es tan importante como el nombre y el apellido?
A mi entender, además del ya mencionado paradigma
uniformizador que hasta hace pocas décadas dominaba
las concepciones sobre desarrollo y ciudadanía,
esta dificultad tiene que ver con la forma en que se
construyó la nación peruana. Según
Benedict Anderson, las naciones modernas son "comunidades
imaginadas":
- Porque, a diferencia de las comunidades aldeanas,
por ejemplo, no todos se conocen personalmente, pero
se reconocen como miembros de un mismo Nosotros, de
una misma comunidad.
- Porque en algún momento fueron imaginadas
por alguien, generalmente por algún núcleo
de intelectuales en el sentido amplio de la palabra,
núcleo en el cual los maestros tienen con frecuencia
gran importancia. Ese núcleo imagina el perfil
de una nación todavía inexistente o
en construcción, tiene un proyecto nacional(5).
Habría que añadir que el perfil de esas
'comunidades imaginadas' puede variar con el transcurso
del tiempo, e incluso pueden haber diferentes proyectos
en competencia simultáneamente. Veamos cómo
se construye la nación peruana a partir de este
concepto de 'comunidad imaginada'.
3. Proyectos nacionales y
diversidad cultural
a. El paradigma oligárquico
excluyente.
El 28 de julio de 1821, en la proclamación de
la independencia, San Martín afirmó con
respecto a los pueblos indígenas: "de ahora
en adelante los aborígenes no deberán
ser llamados indios o nativos, ellos son hijos y ciudadanos
del Perú y serán conocidos como peruanos"(6).
Sin embargo, ni indígenas ni afroperuanos obtuvieron
ese mínimo de ciudadanía que es el voto,
pues el tributo indígena y la esclavitud continuaron
hasta la década de 1850. Abolidos ambos, tampoco
se cumplió 'la promesa de la vida peruana'. Los
pueblos indígenas, que hasta la primera mitad
del S.XX constituían la mayoría de la
población, siguieron excluidos de la ciudadanía,
a merced de poderes locales en cuya cúspide se
ubicaban por lo general los grandes terratenientes,
que se expanden con fuerza entre fines del S.XIX y principios
del S.XX.
Tal como fue soñada por los criollos, la 'comunidad
imaginada' llamada Perú incorporó desde
muy temprano en su historia las glorias del Imperio
Inca, pero negó tener algo que ver con los indios
contemporáneos(7).
Para efectos prácticos, la 'comunidad imaginada'
se reducía en esos tiempos a varones, adultos,
urbanos, criollos y mestizos hispanohablantes, educados
(que sabían leer y escribir) y de buena posición
económica. Esos eran los que tenían derecho
al voto. Menos del 5% de los que actualmente lo tienen.
No votaban las mujeres, ni los analfabetos, que eran
la absoluta mayoría, sobre todo porque las lenguas
andinas y amazónicas eran ágrafas. Existía
además el 'voto censitario'. Es decir, sólo
tenían derecho a voto los que tenían propiedades.
El resto estaba excluido de la 'foto de familia'.
De esta forma, la nación peruana se construyó
sobre bases muy frágiles, como una pirámide
recostada sobre su vértice. Esa fue una de las
causas principales de nuestra derrota en la Guerra del
Pacífico. Y fue después de esa derrota
que se intensificaron las críticas contra ese
modelo excluyente de nación. González
Prada está entre los primeros que rompen fuego
contra él, cuando afirma, por ejemplo, que no
forman el Perú únicamente aquellos que
habitan la estrecha franja costera: "La nación
está formada por las muchedumbres de indios diseminados
en la banda oriental de la cordillera"(8).
En las siguientes décadas la crítica se
masifica, especialmente desde las corrientes indigenistas,
que rescatan e idealizan a los indios contemporáneos,
especialmente a las comunidades indígenas. Hasta
que el Estado comienza a cambiar, y otra 'comunidad
imaginada' se vuelve predominante.
b. El paradigma populista, incluyente
pero homogenizador.
Este cambio forma parte de un proceso 'nacionalista'
o 'nacional popular' que abarca a toda América
Latina y que en algunos países adquiere características
revolucionarias como en México (1910) o Bolivia
(1952). En el Perú es un proceso lento de transformaciones
que se inicia en los primeros años del Oncenio
de Leguía (19191930). Luego retrocede pero vuelve
a retomarse desde mediados de siglo y especialmente
a partir del primer gobierno de Fernando Belaúnde
(1963-68), que incorpora al discurso oficial modernizador
a las comunidades indígenas. Años después,
Túpac Amaru II, el curaca rebelde ajusticiado
en 1780 se convierte en uno de los íconos centrales
del gobierno militar del Grl. Velasco (1968-75). En
los años 80s es el turno de los migrantes andinos,
que desarrollan en las ciudades la economía informal,
exaltados como los "nuevo héroes" por
el gobierno populista de Alan García
Por cierto que hoy el modelo populista está
agotado, pero si ubicamos su surgimiento en su contexto
histórico, veremos que jugó en muchos
campos un papel progresivo, tanto por su oposición
a la aristocracia terrateniente que ostentaba el poder
en buena parte de América Latina, como por su
contraposición a las teorías por entonces
en boga, como el racismo científico; para no
mencionar el nazismo y sus prácticas genocidas
durante la Segunda Guerra Mundial.
En países como México Perú o Bolivia,
donde los pueblos indígenas constituían
un alto porcentaje de la población, los 'intelectuales
orgánicos' del populismo, imaginaron una utopía
irrealizable pero poderosa como mecanismo de construcción
nacional: el mestizaje. En pleno auge de las teorías
y prácticas racistas, Vasconcelos por ejemplo,
ministro de Educación de la revolución
mexicana, hablaba del mestizo como de la "raza
cósmica" del futuro.
Por cierto que detrás del paradigma del mestizaje
subyacía otro proyecto de dominación:
la "integración nacional" o aculturación
de los pueblos indígenas que, formulada burdamente,
habría dicho: te doy derechos si te vuelves como
yo. Un 'yo' por lo general blanco o mestizo, varón
urbano de clase media. Los planes de integración
nacional o de "integración de la población
aborigen" tenían como herramientas centrales
la escolarización masiva castellanizadora y el
servicio militar obligatorio.
Pero en países como México o Bolivia,
el populismo significó también para los
pueblos indígenas conquistas importantes como
el voto universal, tierra obtenida a través de
las Reformas Agrarias, derecho a la sindicalización
y la mencionada escolarización masiva, para mencionar
sólo algunos puntos(9).
En el caso peruano, primero fueron la escolarización
y el servicio militar obligatorio. Luego vinieron los
movimientos campesinos por tierra de la década
de 1960 y la Reforma Agraria (1969-75). El derecho al
voto se obtuvo tardíamente, recién en
la Constitución de 1979. Tuvieron que pasar más
de 150 años para que la proclama de San Martín
se hiciera realidad.
A través de esas conquistas los diferentes pueblos
que conformaban nuestro país, especialmente los
indígenas, lograron pues acceso a una ciudadanía
homogenizadora, que dejaba de lado la diversidad nacional,
las lenguas, tradiciones, mitos, héroes y banderas
de otros pueblos, especialmente indígenas.
4. Perspectivas futuras: la
construcción de una nación pluricultural
Cuando los estados populistas y el paradigma de la
"integración nacional" comenzaron a
tocar sus límites en las décadas de 1970
y 1980, uno de los resultados posibles fue el surgimiento
de movimientos étnicos, que reivindicaran el
derecho a la diferencia y cuestionaran el carácter
homogenizador de los Estados nacionales, proponiendo
estados pluriculturales o plurinacionales. Eso es lo
que pasó en Bolivia, con el surgimiento del movimiento
katarista; en Ecuador, donde la Confederación
de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE)
ha logrado una presencia política importante.
También en Guatemala, donde surge el denominado
movimiento maya; y en México, donde el movimiento
zapatista es sólo uno entre muchos otros que
de maneran pacífica plantean su derecho a la
diversidad. En el caso peruano no surgen estos movimientos,
pero las reivindicaciones por diversidad cultural avanzan
por otros caminos. Sin embargo, queda mucho por hacer.
El primer paso es asumir, reconocer y convertir en
un activo la enorme heterogeneidad cultural del país.
Aparte de este reconocimiento, menciono apenas cuatro
ejes importantes para avanzar en la construcción
de un país pluricultural.
a. Pobreza / Inequidad.
La reunión de gobernadores del BID de 1999 ha
ratificado que el principal problema de América
Latina es la pobreza y, más dramática
aún, la inequidad. Esto tiene que ver, no exclusiva
pero sí directamente con la diversidad cultural
en tanto los pueblos indígenas siguen siendo
tendencialmente los más pobres entre los pobres.
Y esta situación económica lleva al empobrecimiento,
y posible extinción de muchas manifestaciones
culturales (tecnologías agropecuarias, fiestas,
culinaria). Por ello la lucha contra la pobreza y la
inequidad redundará en beneficio de la diversidad.
b. Decentralización, territorio,
autonomía.
La decentralización trasciende también
la diversidad cultural, pero la incluye directamente
en tanto la diversidad se expresa también en
las regiones. En todo caso, la decentralización
del gasto, y sobre todo del poder, redundará
favorablemente en los pueblos indígenas, todavía
ubicados mayoritariamente en regiones periféricas,
donde ni el Estado ni el mercado cumplen a cabalidad
un papel dinamizador.
c. Protección ecológica
y tecnológica.
Se ha hablado mucho ya sobre la relación entre
pueblos indígenas y ecología. La protección
del bosque amazónico y de toda una gama de ecosistemas
frágiles, así como su explotación
sostenible, están íntimamente vinculados
a los saberes y formas de organización de los
pueblos indígenas.
d. Fin de la discriminación
cultural, el no reconocimiento y la exclusión.
Ubicamos adrede como último punto este que tiende
a aparecer en primer plano. No por restarle importancia,
sino para ubicarlo en una perspectiva más amplia.
Constituye indudablemente el meollo del problema y el
problema más difícil de resolver porque
se enraíza en la vida cotidiana y en una historia
de siglos de desprecio y exclusión. Me limito
a mencionar algunas de las políticas que podrían
ser importantes:
I. Educación bilingüe
intercultural.
El término clave aquí es 'intercultural'.
Puede la educación no ser necesariamente bilingüe.
En regiones rurales o urbanas donde no se hablan idiomas
indígenas, sería contraproducente obligar
a los habitantes a aprenderlas, salvo aquellos que lo
quieran hacer de manera voluntaria y/o por razones laborales.
Pero la interculturalidad implica una educación
al mismo tiempo respetuosa de las diferencias y que
pone énfasis en los intercambios culturales,
las fertilizaciones mutuas, las influencias, las hibrideces.
Sus objetivos centrales son entonces:
- Acabar con la educación homogenizadora /
aculturadora, abrirse a la pluralidad, reconocer que
las otras culturas 'no hegemónicas' tienen
los mismos derechos, son parte y enriquecen el patrimonio
cultural del país;
- Evitar al mismo tiempo las polarizaciones inútiles,
recalcando los puentes y las interrelaciones entre
las diferentes culturas.
II. "Ceguera al color"
y a las diferencias culturales en el mercado laboral.
Poco a poco se va ilegalizando en diferentes países
la inclusión del requisito "buena presencia"
para conseguir empleo. "Buena presencia" era
un evidente eufemismo para no decir "blanco / a".
Igualmente, es necesario promover mecanismos que eviten
la discriminación por rasgos culturales como
el acento / dialecto al hablar castellano, la región,
el apellido y muchos otros(10).
l
III. Fin de la discriminación
en los medios de comunicación.
Si un extraterrestre captara únicamente las telenovelas
peruanas o latinoamericanas, se haría la idea
de un continente abrumadoramente blanco, posiblemente
más blanco que los EEUU. Peor aún, cuando
aparecen quechuas, aymaras, cholos, negros o
habitantes rurales, es casi siempre para burlarse de
ellos en los programas cómicos (junto a mujeres
y homosexuales), o como víctimas en los reality
shows, o en propagandas de productos "para
los estratos C y D"(11).
En los programas culturales, siguen siendo con frecuencia
el 'otro exótico', mistificado y desvirtuado,
encasillado como producto turístico(12).
Si bien hay programas, especialmente de radio, producidos
para (y a veces por) sectores 'subalternos', la realidad
sigue siendo abrumadoramente discriminadora. Sería
inconcebible, por ejemplo, un programa titulado "La
catalana Jacinta" o "La vasca Jacinta"
en España, o "La negra Jacinta" en
los EEUU. Primero, porque a ningún libretista
se le ocurriría algo así. Y si se le ocurre,
ningún canal de TV lo aceptaría. Y si
lo acepta, ningún auspiciador pondría
anuncios. Y si lo haría, miles de catalanes,
vascos o negros según el caso, y no sólo
ellos sino la mayoría de la población,
protestaría.
IV. Promoción del respeto
a las culturas indígenas, afroperuanas y una
imagen positiva de todas en general.
Relacionado íntimamente a puntos anteriores como
educación intercultural o medios de comunicación,
está la tarea titánica de sacar del ghetto
'inferior' y/o exótico/ turístico a las
culturas indígenas y afroperuanas, y sus diferentes
manifestaciones, que continúan vigentes y son
además un recurso para nuestro país en
el mundo global: desde conocimientos tecnológicos,
hasta formas de organización y manifestaciones
de espiritualidad.
En esta tarea, la educación y los educadores
tienen un papel fundamental que cumplir.
Notas:
- Véase: Samuel Huntington. El
choque de las civilizaciones.
- Luego del colapso de los denominados
'socialismos reales', por primera vez la economía
de mercado capitalista adquiere una dimensión
planetaria. Tanto o más importante: el desarrollo
de la informática produce una revolución
en las comunicaciones. A través de la radio,
la televisión, el cable y sobre todo la intemet,
el mundo se interconecta cada vez más. Se desarrolla
.10 que se denomina la 'realidad virtual'.
- Esto sucede también a nivel
individual. Según la psicología, el
niño va tomando conciencia de sí mismo
conforme advierte que es otra persona diferente a
la madre, y luego al resto de la familia. En el terreno
colectivo, se da desde los niveles cotidianos (qué
sería del Alianza si no existiera la U), .
hasta los políticos, sociales, ideológicos.
- Citado por: Carlos Iván Degregori,
"Ocaso y replanteamiento de la discusión
del problema indígena (1930-1977)", en:
Indigenismo, clases sociales y problema nacional.
C.I.Degregori, M.Valderrama, A.Alfageme, M.Francke.
Ediciones CELATS, Lima, p.234.
- En el caso de Francia, fueron los
Enciclopedistas, que influenciaron en el proyecto
que luego se plasmaría en la Declaración
de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (que, como
se ve, trascendía las fronteras de Francia).
En los EEUU fueron los denominados 'padres fundadores':
Jefferson, Madison, Washington, etc. Y su proyecto
se plasmó en una Constitución, que hasta
ahora está vigente (con un conjunto de 'enmiendas').
En el caso peruano, los próceres de la independencia,
peruana e hispanoamericana en general.
- Citado en Benedict Anderson. Comunidades
imaginadas,
- El título de un artículo
de Cecilia Méndez -Incas sí, indios
no- resume esta actitud, que se matiza en la primera
mitad del S.XX con el rescate de la figura delinca
Garcilaso de la Vega, el cronista hijo de una princesa
inca y un conquistador español que es percibido
como la encarnación primera de un proyecto
de país mestizo aristocrático.
- Manuel González Prada. Páginas
Libres, Fondo de Cultura Popular, Lima 1966, p.33.
- Por la misma época y de manera
más tímida, los militares impulsaron
reformas de signo semejante .durante el gobierno de
Rodríguez Lara (1972-76).
- Desde hace algunos años, INDECOPI
promueve acciones en este sentido. Asimismo, en 1999
el Congreso aprobó una ley contra la discriminación
racial. Sin embargo, queda todavía mucho trecho
por recorrer para que este sentimiento haga carne
entre la mayoría de la población y en
el sistema educativo.
- Por ejemplo, en la publicidad de detergentes
aparecen cholos/as, en la publicidad de café,
negros/as.
- Esto no significa estar en contra
del turismo, que puede ser la única fuente
de ingresos significativos para muchas comunidades.
Es legítimo, además, que se enfatice
la 'otredad' para atraer visitantes. Lo hacen los
franceses con sus bistrós, los españoles
con sus tablaos y así sucesivamente. El problema
es que la mirada turística sea horizontal.
Si es así, todos finalmente, seremos 'exóticos'
Bibliografía
Anderson, Benedict (1983)
Imagined communities: Reflections on the origins and
the spread of nationalism. Verso, London.
Degregori, Carlos Iván (1977)
Indigenismo, clases sociales y problema indígena
en el Perú, CELATS,Lima.
González Prada, Manuel (1966)
Páginas Libres, Fondo de Cultura Popular, Lima
Favre, Henry (1996)
L'indigenisme, Presses Universitaries de France.
Huntington, Samuel P. (1996)
The clash of civilizations and the remaking of world
order. Simon & Schuster, New York.
Mendez, Cecilia (1993)
Incas sí, indios no: apuntes para el estudio
del nacionalismo criollo en el Perú. IEP, Lima.
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