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Entrevista: Artista plástico
Jorge Miyagui: Arte, política y nueva radicalidad

Entrevista por: Arturo Quispe Lázaro y Juan Tokeshi

El arte es siempre un medio de comunicación, conocer a sus interlocutores –los artistas- resulta como emprender un viaje por un inmenso río. Y si el creador es joven es como sentirse a bordo de un “peque-peque”, esa lancha que surca los ríos de la amazonía peruana. Tendremos vaivenes, aceleraciones, atajos, detenciones y peripecias, que resultan metafóricamente como el caudal que traduce el brochazo del pincel en palabras.

“Si oyes una voz interior que dice: no eres pintor, pinta de todos modos muchacho y esa voz quedará silenciada.”
Van Gogh

AQL: ¿Quién es Jorge Miyagui?
JM: Una persona con muchas paltas (dudas) pero con una apuesta vital que tiene que ver con luchar por un mundo mejor, desde el quehacer artístico, desde la militancia política, desde su relación con las demás personas, desde la cotidianidad misma. A veces con esperanza, a veces sin ella, pero ahí sigue.

JT: Has realizado varias exposiciones colectivas e individuales. En una de tus primeras muestras aludes al Sr. Miyagui. El Sr. Miyagui es un personaje de la película Karate Kid, ¿no es así?
JM: Si, fue mi primera muestra individual. Después de salir de la Escuela de Arte de la Universidad Católica el 2000, viajé a España a exponer en el Taller de Pintura Iberoamericana en el 2001 y en el 2002 hice mi primera individual que se llamó Arte = vida, vida = política, política = ética. El señor Miyagui contraataca desde El Averno fue en el Centro Cultural El Averno en Quilca (Lima). Luego de esa exposición, mucha gente cuando me conocía me decía ‘ah! ¿Yo pensé que Ud. era un viejito? (risas). Pensaron que era mayor.

JT: O la referencia será como al personaje de la película. ¿Tú también sabes karate?
JM: Yo practiqué en el Centro Cultural Peruano Japonés y llegué a cinturón negro. Inclusive llegué a ser asistente del Sen Sei ayudándole en las clases con niños. Y alguna vez llegué al tercer puesto en un campeonato nacional y también a un segundo puesto a nivel metropolitano. Practiqué karate mucho tiempo.

JT: ¿Pintar supone una disciplina como el deporte? ¿Vincularías la disciplina con el arte?
JM: En realidad no. Creo que el Arte más que una disciplina que te impone cosas, se trata de que uno mismo ponga las reglas. Si te pones tus propias reglas, es porque tienes un proyecto vital que tiene que ver con la vocación y con tu apuesta de vida. Y yo creo que un artista se debe responder primero a esa pregunta: ¿qué proyecto de vida tienes? y que tu proyecto como artista esté en consonancia con eso.

JT: En este mundo globalizado todo se convierte en mercancía. Las obras de arquitectura se convierten en mercancía, los objetos de arte también, y eso va generando otros mecanismos de relación, el objeto propiamente y la necesidad social.
JM: No hay que caer en esencialismos: el mercado no es bueno o malo en sí mismo. Lo que hay que hacer visible son las lógicas que reducen el arte sólo a mercancía o sólo a adorno social y así consolidan desde la oficialidad artística el sistema de exclusión y explotación social. La cosa es que puedes trabajar fuera de esa lógica. Además quería indicar que así como el capitalismo reduce el arte al transformarlo en una mercancía, ciertas lógicas de una vieja izquierda, también lo reducen a un mero instrumento de lucha y de concientización. El Arte tiene muchas más dimensiones y potencialidades que estas miradas reduccionistas invisibilizan. Entonces, la apuesta desde un punto de vista libertario y desde una propuesta de lucha por un mundo nuevo y más justo, tendría que escapar de estas dos lógicas que reducen a la actividad y a la persona a una sola dimensión de la vida.

AQL: Has mencionado que el artista tendría que responder primero sobre cuál es el objetivo que tendría para realizar un trabajo artístico; sin embargo, la gran mayoría que ingresa a este medio no necesariamente se hace esa pregunta. ¿En el caso tuyo cómo fue? ¿Cómo así surgió esa pregunta? Porque ese tipo de preguntas usualmente no aparecen uno de manera casual.
JM: Todo es un proceso, no se trata de una luz que de repente se descubre. Es todo un proceso y éste aun sigue, continua. Yo me acuerdo que a mí me gustaba mucho hacer historietas, entonces, como me gustaba tanto, soñaba con ser historietista, y de muy niño me metieron en talleres de dibujo, pintura, y me empezó a gustar la pintura, y mi papá me habló de Van Gogh y de su vida, y vi un libro de Van Gogh que tenía mi papá y leí sobre Van Gogh y me quedé impresionado, impresionado de cómo alguien podía transmitir a través de formas y colores toda esa carga existencial. Y me dije quiero ser pintor. Una frase que leí en ese libro me marcó para toda la vida, hasta ahora la recuerdo de memoria y está escrita en la pared principal de mi taller, es la que Van Gogh le escribe a su hermano Theo en alguna carta: “si oyes una voz interior que dice: no eres pintor, pinta de todos modos muchacho y esa voz quedará silenciada.” Yo no sentía tener mucha disposición para el dibujo y la pintura así que esa frase resultó muy pertinente.

Los inicios: Miyagui adolescente y su entorno familiar

“Será que hay algo más que a simple vista no se ve”
Julieta Venegas.

(JM)

AQL: ¿A los cuantos años te planteaste esa gran decisión?
JM: Digamos a los 13, 14, por ahí. Y en un principio, digamos que tenía una visión polarizada y separada de lo político y lo artístico: el compromiso político, social, ético con tu contexto, con tu entorno iba separado de la producción artística que tenía un rollo más intimista. Y con el tiempo, uno ya no lo puede separar, digamos que este primer enunciado casi panfletario, en el buen sentido, de mi primera individual, el de arte=vida, vida=política, política=ética, ha tomado carne totalmente. No puedo separar esta cuestión del compromiso, de la apuesta vital con todas estas cosas que uno tiene adentro y que siempre salen cuando haces arte.

AQL: ¿En la época en la que tenías 13 ó 14 años ya tenías una preocupación por lo social?

JM: Sí. Incluso en el colegio tenía muchos problemas por eso. Me acuerdo que hicimos un periódico mural llamado “venceremos”que nos causó muchos problemas, nos llevaron a la dirección. Siendo escolares teníamos el sueño de organizarnos para hacer algunas cosas. Yo estudiaba en el “San José”Maristas del Callao. Recuerdo que con compañeros de otros colegios y de mis prácticas de karate formamos un grupo al que le pusimos “Facción”, con ellos, de una manera bien primariosa y chibola (pequeños), tuve mis primeras conversas político-orgánicas (nos jurábamos bacanes) y realicé mis primeras pintas en la calle: “la juventud peruana apoya al ejercito zapatista. Facción”. Corría el verano del 94 y el EZLN había aparecido en la escena internacional.

JT: Desde adolescente ya tenías una vocación artística ¿también ya tenías una posición ideológica?
JM: Siempre es difícil ubicar como se gestó mi voluntad política, se trata de una suma de situaciones, momentos y personas. Mi familia no tiene ninguna tradición política. Cuando me preguntan sobre eso mi mente se remite a los años en que siendo muy niño acompañaba a mi papá a las casas donde trabajaba instalando plataformas de baile para fiestas (11 0 12 años). Eran residencias en los lugares más exclusivos de Lima y entrábamos por la puerta de servicio, me quedé alucinado con los lujos que allí detentaban. Nunca había podido imaginar que en el Perú había gente que viviese en esas condiciones. Lo que se me vino a la cabeza fue: el perro de esta casa come mejor que mi pata Chocotón.

Vinieron sin querer queriendo algunas lecturas casuales: “La madre” de Gorki, la historia de la revolución cubana, etc. También cierta música: las canciones del FSLN, del FMLN, de Sui Generis, Charly García, Silvio, Pablo, toda la nueva trova, el rock contestatario, etc. Me emocionaba mucho toda la simbología de la tradición socialista y hasta ya me sentía mal de haber jugado, pocos años antes, a los soldaditos o a la guerra poniendo a los EE.UU. como los buenos.

JT: En tu actividad como artista, ¿cómo se relaciona tu disciplina con la vivencia familiar? Tú vienes de un mundo de puerto como el Callao, y están en paralelo tus vínculos familiares con el entorno de la cultura japonesa; ese encuentro ¿qué inquietudes va generando en ti? Me pregunto si tus padres, de alguna manera, te acercan a la pintura. En el mundo de una comunidad nikkei (esta es una expresión japonesa que refiere a los descendientes de japoneses fuera de su territorio), el vínculo con el arte muchas veces no es la primera prioridad, más bien hay otras carreras profesionales que se motivan. ¿Qué determina tu opción en relación con tus relaciones familiares? ¿Cómo se genera en ti la necesidad de tener una responsabilidad ética frente a las cosas que ocurren en la vida?
JM: Es una pregunta difícil, pero se me vienen a la cabeza como un esbozo de respuesta algunos datos precisos de mi niñez. Por ejemplo, mi familia siempre ha sido un poco outsider con respecto a la comunidad peruano japonesa y solo por momentos se han acercado, digamos, frecuentado al Estadio La Unión, AELU (centro deportivo y social con una mayoría de socios nikkei), etc. Pero generalmente outsider. Tanto mi hermana como yo, no hemos estado en colegios de la comunidad peruano japonesa, y por otro lado, siempre hemos tenido contacto con distintos sectores y espacios sociales, participando en diversas actividades sociales, además de haber tenido varios barrios.

Por otro lado mi familia paterna es del Callao y yo viví y estudié en el Callao, pero la familia de mi Madre es del Jr. Moquegua, en el Centro de Lima, y yo también viví allí algunos años. Fui a un nido cerca de la casa materna. Mi familia se ha mudado mucho por distintos barrios de Lima, como 9 veces y supongo que esa experiencia vital también fue importante. Tal vez por ahí trato de esbozar una primera inquietud. Y después por la suerte de haber encontrado siempre muy buenos amig@s y compañer@s. Lo que uno es siempre es las cosas que la gente te va dejando cuando te vas relacionando, compartiendo caminos.

JT: Tu entorno familiar, entonces, fue importante…

JM: Tengo mucha suerte de tener una familia muy buena, a la que quiero mucho y que siempre me ha apoyado. Igual los amig@s.

JT: La comunidad nikkei tiene sus particularidades. La comunidad nikkei en el Callao, tiene muchos puentes internos, la Asociación Nisei Callao, siempre ha generado como ciertas cadenas, y uno percibe, mirado en el tiempo que el único lugar donde hay una relación más fuerte, a parte de las provincias, en el caso de Lima, es el Callao. Cuestión que en algún momento por ejemplo ha existido en Jesús María, o Barranco, o La Victoria. El único que mantiene esos lazos relativamente fuertes es el Callao, y los miembros de dichas comunidades conocen a los padres de Jorge.

AQL: Tú estudias la secundaria en el Callao y desde el colegio tus trabajos ya expresaban una preocupación clara respecto de qué es lo que iras a trabajar en el futuro. ¿Cómo así surge aquella preocupación social que en tus trabajos aflora con nitidez?

JM: Una influencia muy importante para mí fue mi profesor de literatura del colegio “San José Maristas” del Callao: Víctor Hugo V., sus clases y su amistad motivaron en mí el interés por el arte en general y la política, además de una sensibilidad por lo social. En los últimos dos años del colegio ya sabía que iba a estudiar pintura o algo relacionado al arte o la filosofía, pero no resolvía muy bien mi vocación artística en relación con el compromiso político.

JT: Además, por lo que percibo, tu actitud en el colegio era también una manera de poder romper, ir en contra de ciertas situaciones, ¿cómo es que surge esta actitud crítica?
JM: La verdad es muy difícil responder a esa pregunta, yo creo que por alguna razón, no sé por qué, por amigos, o por libros o por algo, no se si se fue muy prematuro o no, pero como uno siempre tiene la preocupación de tomarse la vida en serio, de preguntarse todo, de cuestionarse todo, en uno mismo y hacia fuera también, y tal vez por ahí cuando tú te cuestionas todo y empiezas a ver que las cosas que no tienen sentido y quieres hacer algo para transformar eso. Eso es un proceso, no tiene un inicio, así definido, ni tampoco va tener un fin, pero en todo ese proceso, lo que me he dado cuenta es que una de las características es que los límites se han desdibujado. Digamos los límites entre las pulsiones intimistas y la preocupación social, los límites entre la vida y el activismo político, todos esos límites se han desdibujado, y me parece positivo porque abre las posibilidades.

AQL: ¿Qué no te satisfizo en el colegio que te impulsó a crear? ¿Sobre qué no estuviste de cuerdo en aquella época?
JM: La insatisfacción no era solo con el colegio sino con todo el mundo y la existencia. La sensación de buscar algo que uno no sabe bien que es y que con la sed de absoluto de un adolescente, llama “felicidad”. En esa época éramos tan ingenuos, tan tiernamente “bolches”, ya te imaginarás, nos llevaron a la dirección. El director nos preguntó quién nos mete esas ideas. Esas cosas que tienen mucho de ingenuidad y mucho de inocente rebeldía juvenil.

AQL: ¿Te acuerdas de algo en concreto que hayan hecho?
JM: El periódico mural, Facción, las pintas, las reuniones de organización, las visitas a Quilca, las conversas, las primeras borracheras, algún cuadro con una hoz y un martillo, un dibujito de dos payasos tristes: uno artista y el otro guerrillero, etc.

JT : ¿Cómo se llamaba el periódico, tenía un nombre?
JM: Venceremos (risas). Era así, de lo más ingenuo. ¡Imagínate!, en un colegio católico.

AQL: Asumiendo las suposiciones del director aquel que se preguntaba “¿Quién les mete esas ideas a estos chicos?”, ¿quién fue?, ¿tiene un padre, una madre?
JM: No, no, creo que no. O si lo tiene, son muchos: amigos, profesores, lecturas, canciones, etc. Además uno siempre va encontrando lo que busca.

AQL: Tú provienes de una familia japonesa y a la vez te has vinculado con personas de culturas distintas en tu barrio e el Callao, y en la universidad. Yo tengo la inquietud de saber si algo esa disciplina que se suele asociar a la cultura japonesa, ha influido en ti para expresarte de la forma que lo haces.
JM: Mi familia no corresponde a esa tradición o estereotipo de japonés estricto, al contrario, me han dado toda la libertad y el apoyo en las cosas que he decidido. Bueno, también que lo he decidido responsablemente, no he metido la pata. No corresponde a ese estereotipo, y además como lo decía ha sido medio outsider con respecto a la comunidad peruano japonesa y a sus espacios.

Lima, las diferencias culturales, interculturalidad y las creaciones artísticas

“la vida personal, la expresión, el conocimiento y la historia avanzan oblicuamente, y no directamente, hacia fines o hacia conceptos. Lo que se busca demasiado deliberadamente, no se consigue.”
Merlau-Ponty

AQL: Hablemos más de lo que mencionaba en mi anterior pregunta. Lima esta conformada por personas que provienen de diferentes culturas, andinos, amazónicos, criollos, chinos, japoneses, etc. Tú familia viene de la tradición cultural, la japonesa, y a la vez tú participas de las diversas culturas existentes en Lima y el Callao, como es ahora…
JM: En Lima, el 90% somos hijos o descendientes de migrantes, entonces, desde esa entrada, tanto la migración andina, europea, japonesa o china, implican un proceso de adaptación, de cambio, de hibridación. Yo, sin caer en lógicas de identidades esenciales, creo que culturalmente, soy más peruano que el cebiche, y cuando alguna gente dice al ver mi trabajo, mis cuadros, “yo ví esto y dije esto lo ha hecho un ‘ponja' (japonés)”, no entiendo por qué dicen eso. Mi trabajo no tiene nada que ver con el manga, que además no es un tema de mi interés y no sé por que sale, si es que sale. Inclusive, los elementos que yo uso, son elementos del mundo andino, de la cultura popular, de la cultura mediática y cosas que uno tiene adentro, re-significados en una relación poética con una mirada de construcción de país.

JT: La comunidad nikkei, cuando uno ve a la mayoría de la gente, es mucho más cercana a la gente del barrio, porque ha formado parte de ese contexto. Los abuelos nuestros siempre han tenido un negocio, algo que compartir, más que un negocio, una iniciativa empresarial en el centro de la ciudad. Y hemos sido educados en el vínculo con la calle, con los amigos del barrio. Por eso a veces, resulta sorprendente, que a pesar de ser una comunidad que ha fijado sus raíces en este mundo citadino relativamente popular, se le quiera relacionar a veces con los sectores más altos, cuando todos conocemos que en un colegio nacional estudiaba el “ponjita”, que era un buen alumno, que se dedicaba a trabajar con los padres en la tienda y después estudiaba, que se relacionaba y jugaba fulbito con los demás compañeros, ese es verdaderamente el perfil de la comunidad nikkei. Una comunidad que estaba muy cercana a lo cotidiano de la gente.

AQL: Por lo que nos señala Juan, los nikkei, los descendientes de padres japoneses, han tenido una relación cercana con el barrio. Haciendo un símil con los jóvenes descendientes de migrantes andinos en Lima, muchos de ellos recogen o resignifican en la Capital algunos elemento de la cultura andina, y eso de alguna manera aflora no como algo determinante sino como un elemento que ha sido parte de su contexto de vida. ¿Tú que crees que has bebido de la cultura japonesa y qué de las otras diversas culturas?

JM: Bueno, por lo que decía, mi familia no ha estado relacionada tanto a la comunidad peruano japonesa. Entonces, esta idea que yo siempre he escuchado: que antes siempre los papás querían que sus hijos se casen entre gente de la colonia nada más, si se casaban con alguien que era peruano, pucha, era un problema. Yo no lo he sentido en mi caso. Inclusive yo he tenido muy pocos amigos dentro de la comunidad peruano japonesa, excepto cuando jugaba fulbito (…) en el Estadio La Unión, después no. Yo siempre he tenido relación con lo que dice Juan, con el barrio, la calle, yo era uno más: el chino del barrio. Inclusive me acuerdo de una anécdota que me cuenta mi madre: cuando era niño, entramos al restaurante del estadio La Unión, yo no me acuerdo de eso, mi madre me lo cuenta. Yo que tenía la voz chillona, le empecé a gritar a voz en cuello, “mamá mira cuantos chinitos, porque hay tantos chinitos” (risas). Para mí, yo no tenía ojos jalados. Entonces, uno también construye, reafirma lo que es, en base al otro, el exterior constituyente.

AQL: Hablando de las diferentes culturas y tu idea de construcción de país, ¿qué piensas de la diversidad de culturas existente en el país?
JM: Que deberíamos encontrar el mecanismo para que eso no se vea como un problema, sino al contrario como la riqueza, como nuestra potencialidad de construcción de una sociedad inclusiva que se base en la justicia y en el reconocimiento de tod@s. Yo creo que desde ese punto de vista, existen nuevas teorías, nuevas formas de apuesta política que encajan totalmente con la realidad actual y los contextos que enfrentamos, valorando positivamente la diversidad cultural.

AQL: Por ejemplo está la clásica rivalidad entre la cultura costeña, limeña, criolla, con la cultura andina, ¿eso de alguna manera ha generado algo en ti, en tu creación?
JM: Yo no sé si hay ese pleito. Lo que yo veo es que hay una cultura hegemónica por un lado y por otro, espacios y actores subordinados o excluidos. Cuando rompamos con la exclusión social, y apostemos por una democratización radical de la sociedad, en palabras de Quijano: por una “construcción democrática de existencia social democrática”, luchando porque en esta mesa nos podamos sentar todos, sin que nadie sobre, sin que ninguna vida valga mas que otra; empezará por ahí a cambiar las cosas. Tomar conciencia de que desde la cotidianidad estamos haciendo historia, no necesariamente hay que llegar al Estado, a la administración del bien público o hacer gestas entre comillas heroicas para recién empezar a transformar las cosas. La heroicidad está en la cotidianidad porque desde la cotidianidad se hace historia. Entonces, en realidad hay muchos héroes anónimos.

AQL: Nosotros desde la página de Interculturalidad intentamos tender puentes culturales entre las diferencias existentes y promover diálogos entre ellas. ¿Crees que las diversas culturas existentes en el Perú son retratadas o resignificadas en tus trabajos artísticos?
JM: Lo que pasa es que el Perú es una sociedad tan plural que debe ser insuficiente la obra de cualquier artista para retratarla toda. Creo que la lógica no es solamente de retratar, sino comunicar algo. No es solo tomar la fotografía y presentarla, es hacer discurso, producir un sentido. Entonces está lejos de esto. A lo mejor muchos de los artistas que tienen un proceso similar, entre comillas neo pop, no sé como llamarlo, que consiste en trabajar con elementos de la cultura popular, se quedan en retratar una identidad, cuando la idea, creo que eso trato de hacer con mi trabajo, es aportar algo, decir algo, producir un sentido, más que simplemente retratar. Además el uso de estas imágenes responden a una sensibilidad y a una apuesta, estos códigos son cercanos, son las cosas que uno lo tiene en la calle, en la televisión, en la cotidianidad misma, etc, y que son accesibles y reconocibles por sectores de la población más amplios. Es una lógica distinta a la codificación que implica un conocimiento previo del desarrollo autónomo del campo artístico y por lo tanto elitiza la comprensión de las obras.

AQL: ¿Como artista plástico cómo visualizas la interculturalidad entendida ésta como la apuesta por el diálogo horizontal entre diversas culturas y no a la imposición de una sobre otra u otras?
JM: Siempre me parece difícil cuando me ponen en esos papeles que fragmentan: tú como creador, como artista, como político, o como activista. En realidad, creo que los límites entre
arte-vida-política-ética son borrosos y no se puede hablar exclusivamente desde uno de éstos ámbitos. Desde allí que la apuesta por la interculturalidad, como reconocimiento y diálogo entre las diferencias, implica una nueva radicalidad, es decir, una nueva manera de interpretar y sistematizar las resistencias y la realidad como se da. Esta es una realidad múltiple y diversa, que presenta un nuevo sujeto social con una nueva subjetividad, en estos términos: descentrado, múltiple, diverso, pero que componen un solo actor social.

En mi trabajo hay una mirada basada en construcción de país, pero país para tod@s. No solo desde un punto de vista que retrata una realidad social sino con una apuesta política amplia de vida detrás, una intencionalidad dialogante y transformadora.

AQL: ¿Dirías que vinculas la perspectiva intercultural en el trabajo que desarrollas?
JM: Un artista es alguien que se alimenta de su contexto visual, social, político, etc. La realidad que nos alimenta se presenta en términos culturales múltiples, diversos, en constante cambio, resistiendo y creando, y es también eso parte de la potencia de nueva radicalidad en el arte: resistir y crear, interpretar y participar.

Las producciones pictóricas y posturas respecto del arte

“En el conflicto entre el poderoso y el desposeído, el no intervenir no significa ser neutral sino ponerse del lado del poderoso”
P. Freire

AQL: Viendo tus producciones pictóricas nos encontramos con signos inequívocos de la cultura de masas…
JM: De la cultura popular, de la cultura mediática. Esto es porque no estoy en la lógica de ganar plata con esto. Yo enseño para poder hacer arte. Casi no vendo mis trabajos, etc. No estoy en la lógica del artista que quiere ser rico y famoso. La apuesta es crear un espacio de comunicación horizontal con sectores más amplios de la población, no con este pequeño grupo que consume el arte entre comillas culto, y para eso tú tienes que usar los códigos que son manejables por la mayor cantidad de gente. Por ejemplo, siempre cuento esta anécdota cuando me preguntan sobre el tema, un amigo fue a recoger su cuadro en una galería en San Isidro, baja con el taxista para que le ayude y ven un cuadro de un pintor que no voy a decir su nombre, pero el precio era $14,000 dólares. El cuadro era de pintura abstracta, manchas, el típico cuadro frente al cual el sentido común de mucha gente le dice: eso lo puede hacer mi hijita.
- “Mira gordo”, le dice el taxista a mi amigo al ver el precio, “140 soles, eso”.
- “No, 140 soles, no, 14,000”, contesta mi amigo.
- “¿14,000 soles?”, pregunta el taxista.
- “No, 14,000 dólares”, sentencia mi amigo.

El taxista miraba y miraba el cuadro, después de un rato dijo:
- “Algo debe tener, ¿no?, algo debe tener:”.

Eso es un ejemplo de colonialismo cultural y de esta lógica del arte como privilegio de clase, porque esta persona dice: “yo no entiendo esto, y vale tanto... ah, es por que ellos sí saben, sí lo comprenden y pueden pagar eso, ¿no? Pueden descubrir qué es, y yo no”. Aquí, primero que el precio corresponde a juegos de poder, a juegos de mercado, a la firma, etc., cosa que no tiene nada que ver con valores intrínsecos del objeto y en segundo lugar, se opera una dinámica de la capacidad adquisitiva de la obra y su comprensión como signo de distinción y diferenciación social que está en consonancia con el sistema de exclusión social en general.

AQL: Otro elemento, realizas una actividad que suele estar inserta, que usualmente se dirige o se produce en los marcos de una élite por los costos que ello significa, que no tiene una inserción en las grandes mayorías.
JM: Yo creo que eso no es un problema de la pintura en sí misma, porque como te decía: el arte es un derecho de todos. El problema inmediato de la elitización del arte no se ubica necesariamente en la producción y el consumo, sino más bien en la distribución. Yo creo que es un problema de los espacios en los cuales se difunde el arte. Es decir se siguen con políticas para reproducir el sistema elitista y funcional a las clases dominantes: el arte como distinción social, anulando cualquier dimensión crítica o política en la obra.

En cambio, cuando quieres una propuesta contraria a eso, te vas a preocupar por generar espacios alternativos, para llegar a sectores más altos de la población, y esa es la apuesta. Yo he tenido la suerte de trabajar con amigos, grupos de artista de Bellas Artes, de la universidad Católica, que comparten esa misma inquietud y hemos hecho junt@s festivales alternativos como festival de arte sin argollas, las acciones del Colectivo Aguaitones, Festival Víctor Jara, etc., acciones que tienen que ver con abrir espacios en la calle, acercarnos a la gente. Eso es empoderarse, generar un espacio de resistencia. “El poder no se toma si no se crea”, bueno ahí esta.

AQL: ¿Un espacio de resistencia frente a qué?
JM: Al capitalismo globalizado, a la opresión en general y a esta lógica excluyente, instrumentalista, mercantilista y de distinción social que predomina en el circuito oficial. Tampoco se trata de una cuestión dogmática y purista de negarse por negarse, por que yo creo que eso de predicar desde tu iglesia, nada más, es tonto cuando estas hablando de comunicación. Mi segunda individual fué en la Pancho Fierro, una galería municipal. A veces, me llaman espacios digamos oficiales, y no tengo ningún problema, porque yo no transo ni modifico mi discurso para estar allí, lo del kimono es un buen ejemplo, a veces tengo problemas en esos espacios por las mismas condiciones de participación, pero tampoco es la lógica purista, de negarse así por principio esencialista.

JT: Quiero ahondar más sobre el vínculo entre el arte y la sociedad. A propósito de que todos hacemos arte y todos también podemos hacer arquitectura, existe la responsabilidad de quienes de alguna manera han sido formados, de una persona que tiene un cierto oficio en ello, que desde mi perspectiva es el profesional o la persona que tiene una mayor dedicación. Por ejemplo en el terreno de la arquitectura popular, debe ser responsable de darle una mayor calidez o sensibilidad a la materialidad constructiva, reprocesando los valores populares, porque también la cultura popular esta inserta en otros mecanismos donde pierde su pureza, ¿no? Está también muy influenciada. Mi perspectiva es que la responsabilidad del profesional, del propio artista es ser un creador que partiendo de esos códigos, también pueda reinterpretarlos, comunicarlos, reasignarle un nuevo valor como obra de arte, como obra de arquitectura, más específicamente sublime, que esta más allá de los códigos mercantiles.
JM: El compromiso y la responsabilidad de un actor cultural no pueden ser solamente formalistas o estilísticos. Además lo del valor sublime es algo subjetivo, las cosas que a mí me emocionan, tal vez no te emocionan a ti. Es una cuestión cultural. Y no por eso vas a justificar, digamos cuando tú haces reflexiones sobre el arte, olvidándote de los juegos de poder, de las estructuras sociales, de los juegos de poder políticos, lamentablemente terminas legitimando el statu quo, porque estas haciendo, estas creando discurso dentro del arte por el arte, alejado de los contextos y las circunstancias en las cuales este arte es producido. Espiritualizas la producción y el consumo e invisibilizas los procesos socio-económicos que tienen que ver con la distribución.

AQL: Por su puesto, esa es una posición, existen otras que obviamente van a discrepar contigo y van a entender el arte de manera distinta. Y por lo que mencionas ¿parece que deslegitimas a las otras?
JM: No los deslegitimo, por el contrario, en esta mesa nos podemos sentar todos, además que aburrido que un arte solo tenga una temática, pero la idea es que haya circunstancias para que todas las manifestaciones artísticas no sean cooptadas por la lógica del capital. Es decir, cuando hicimos arte sin argollas a finales del año 2002, fue en Panaca-Tahuantinsuyo, que es este local que esta a media cuadra de la Plaza Francia, en Camaná, donde hay un templo Shaolin, esta el movimiento nacionalista, hay miles de cosas ahí, hay un restaurante vegetariano. Hicimos un festival de arte alternativo que se llamó arte sin argollas, convoca la nueva argolla. Artistas visuales de Bellas Artes, de la Universidad Católica, autodidacticas, gente con un interés social, político, gente recontra bolche, y gente que tenía un rollo intimista, hasta preciosista, juntos, en una casa tomada con ese rollo medio de los que habitaban el local. Músicos, metaleros, hip hop, punks, juntos, tocando juntos. Poetas, los movimientos de poetas de las universidades, etc. Entonces, ahí tu ves un espacio que se abre, pero donde hay esa diversidad, esa apuesta por la diversidad como un valor, con tolerancia, no con una tolerancia de yo te aguanto sino que una tolerancia entendida como comprensión del otro, para estar en diálogo, en el trabajo conjunto, y al ser un espacio alternativo y con esta apuesta de llegar a sectores más amplios, apostando por la autonomía y la autogestión, porque son espacios autogestionarios, no podía ser coactado por la lógica del capital, imposible. Es un ejemplo de eso, y hay miles de ejemplos desde el arte de generación de estos espacios de resistencia.

AQL: Este es una época difícil desde los últimos 10-15 años, por no mencionar más tiempo, donde los medios y la transnacionalización han generado todo un movimiento en contra, y a la vez han dado lugar a una suerte de homogeneización, ¿cómo es que en este contexto jóvenes de diversas tendencias se vinculan, qué es lo que más les anima?
JM: Lo que decía Juan acerca de la responsabilidad de aquel que estudia una profesión entre comillas artística, resulta pertinente. Yo creo ahí la pregunta básica es la que hace Juan Acha: ¿cuál es la capacidad del arte de la escuela, del arte académico, culto entre comillas, cuál es su capacidad transformadora? Por ahí va la apuesta. Y sobre qué es lo que despierta este nuevo movimiento juvenil, si se puede hablar de este movimiento juvenil, la verdad yo constato que hay mucho desánimo, producto de la cultura Axe Bahía, del vivir al día, algo más hedonista, que también es producto de los años del fujimorismo, de todas las campañas psicosociales, que ya no se necesita todo ese aparato represor sino que ya se dejó la semillita y esto sigue andando. Todo esto tiene que ver, y la apuesta por consolidar un movimiento social, alternativo y empoderarlo, es cambiar el paradigma político, o sea, reconocer la derrota de la vieja izquierda, y apostar por un cambio del marxismo ortodoxo, por un nuevo paradigma que comprenda un sujeto social que sea amplio y diverso, es decir, un sujeto social descentrado, en donde puedan entrar un dirigente indígena, un activista de derechos humanos, un activista de género, gay, homosexual, un artista contracultural, etc. Para la mirada del marxismo ortodoxo, el sujeto social se reduce a la clase, al proletariado, para esa mirada dura, esquemática un activista gay no podría ser un actor social. Entonces, cambiar esa mirada y apostar por la diversidad como algo positivo. Por ejemplo, lo que decía el comandante Marcos, “luchar por un mundo donde quepan muchos mundos”, y todas estas nuevas teorías para nuevos movimientos, reafirmarlos.

AQL: Tu te consideras una persona de izquierda?
JM: Yo creo que estamos en el proceso de resignificar todo eso. Resignificar socialismo, izquierda, etc., y si la izquierda tiene que ver con la lucha por un mundo mas justo, con una oposición al capitalismo globalizado y a esta lógica de soledad y tristeza que impone el capitalismo, sí me considero de izquierda. Si ser de izquierda es ser un dogmático, un stalinista, entonces no.

AQL: Qué es la política para ti?
JM: Tiene que ver con como tu te relacionas con tu entorno, con tu contexto, con tu sociedad, y las apuestas que hagas por transformarlas.

AQL: Te hago esa pregunta porque tus pinturas denotan una clara posición política, no partidaria necesariamente, pero aludiendo a la injusticia, al autoritarismo de personajes políticos: Fujimori, Montesinos, Cipriani, entre otros. ¿Tienes una opción política en particular? Sobre todo en este contexto en el que la política es considerada –por la gran mayoría de peruanos- como sucia. Sin embargo, tu opción es más política. Explícanos esto.
JM: Por más que parta de lo político, esos límites se han desdibujado, parto de lo humano. Yo creo que hay un sentido común erróneo que reduce la política a la cuestión de la administración del Estado. Cuando estamos hablando de la política referida a la cotidianidad, con las relaciones que uno hace día a día, y afirmamos que se puede hacer política fuera de la representación electorera. También estoy convencido de que toda esta gente que dice: “Ah, yo soy apolítico, yo no me meto en esos rollos”, eso ya es una postura política, porque tiene que ver con concepciones y con apuestas que hace con relacionarse con su entorno. Dejar pasar las cosas, etc. Este alpinchismo generalizado, la idea es no hacerse bolas, no hacerse líos. La ideología de la no ideología que termina sustentando el sistema de dominación. Como decía Freire: “En el conflicto entre el poderoso y el desposeído, el no intervenir no significa ser neutral sino ponerse del lado del poderoso”

AQL: En tu trabajo encontramos una serie de signos que se entremezclan: la vida cotidiana, signos de la cultura de masas, de la cultura mediática, elementos de los programas televisivos infantiles, y elementos de la política. ¿A que responde el uso de esos signos y la manera en que son contrapuestos con otros?
JM: Yo creo que dentro de la lucha por el poder simbólico la idea es apropiarse de esos elementos de la cultura popular, mediática, etc., que son códigos además cercanos a todos y re-significarlos, o sea descontextualizarlos de su sentido primario, original, y resignificarlos con otros contenidos que nosotros llamamos poéticos, libertarios, etc. Por ejemplo: Picachu, esperando la nueva estrella, con Mariátegui de fondo. También hay otra obra con el mismo personaje tachando al Monseñor Cipriani. Ahí vemos cómo un elemento puede ser tomado y resignificado. Y como parte del juego, el sistema también agarra elementos, íconos de la contracultura y los resignifica, pero a su favor. Ejemplos de eso lo vemos en la MTV a cada rato, o cómo la imagen del “Che” ha sido masificada de esa manera que ya, casi ha perdido su significado, o Thalía cantando la canción “A quién le Importa”. Es parte de la lucha simbólica por los sentidos.

JT: En tus obras siempre está presente un texto. Hay mucho de refuerzo en el texto. ¿Cuánto de presencia, de valor le asignas a ello? ¿Por qué ser tan explícito?
JM: En algunos soy muy explícito, y no le tengo miedo cuando me acusan de panfletario porque son cosas que las quiero hacer. En otras son más poéticas, más sugerentes, etc. Yo creo que somos una cultura bien narrativa, bien textual, los habitantes de esta ciudad. Y bueno, son lenguajes por los que uno apuesta, que los toma como suyos o que simplemente salen.

Conflictos y censuras

“No hay nada más temible que la estupidez activa.”
Goethe

AQL: Desde de la época del colegio hasta la actualidad has pasado, digamos, por la experiencia de la censura de algunas de tus creaciones. Antes fue un periódico mural, hoy fueron tus pinturas ¿qué sensación, que reacción tuviste en estos casos?
JM: Solo fueron censurados dos trabajos. La de la empresa Telefónica fue la primera, en el 2002 y en el Centro Cultural Peruano Japonés con el Kimono, en el 2003. La reacción en ambos casos fue la indignación ante la estupidez y el autoritarismo sectario. Sin embargo las reacciones fueron distintas pues las circunstancias fueron muy distintas. En Telefónica, que era la empresa que organizaba el concurso de artes visuales, se dio en el contexto de los despidos masivos de trabajadores y el inefable Cipriani (Cardenal de la iglesia Católica del Perú) con sus fascistoides declaraciones. En ese contexto, ellos tenían la obligación por reglamento de exponer los cuadros que presenté con la voz del sindicato de trabajadores de telefónica y en contra de Cipriani, pues yo quedé seleccionado como uno de los 14 finalistas, estaban entre la espada y la pared. En el caso del kimono, la organizadora del concurso fue El Centro Cultural Peruano Japonés, la decisión de sacarlo de la muestra el día de la inauguración no fue del curador ni galerista, quiénes estaban de acuerdo con exhibir la obra, sino de los directivos del Centro Cultural Peruano Japonés.

AQL: ¿Que ha significado para tu desarrollo artístico y como persona, el hecho que hayan vetado tus trabajos?
JM: La verdad fueron situaciones lastimosas, pues siempre que se tiene un discurso crítico uno quiere tener un espacio para poder mostrarse sin censuras ni vetos. Aunque estas circunstancias adversas fueron experiencias fuertes y de las que aprendí mucho por la confrontación en las que se dieron, creo que el estereotipo que muchos hicieron de mi persona por las censuras no hacían mucho favor a mi desarrollo artístico, se cerraban más puertas y la gente no tenía un acercamiento claro al discurso en sí. Sin embargo, a diferencia de los “asistemados” y poderosos, se me abrieron otras puertas y descubrí caminos más hermosos para caminar. A nivel personal aprendí que uno debe persistir a pesar de la estupidez y a pesar de la versión activa de la estupidez que es la censura. A partir de estos casos pude articularme mucho más a espacios alternativos y de resistencia. Me empezaron a llamar para exponer y participar en exposiciones, conversatorios y festivales en centros de estudiantes, barriadas, universidades, colegios, comedores populares, campañas de muralización, etc. Uno debe persistir, levantándose al caer, porque siempre la esperanza es un deber, y solo se vive una vez, y alguna vez se decidió vivir luchando, y ahí seguimos.

AQL: Finalmente ¿qué podemos esperar de Jorge Miyagui en el futuro?

“No quisiera detener esta oleada que me lleva. A dónde, a dónde no lo sé solo me muevo con ella. (...)Y todo lo que ya viví lo sigo cargando, lo llevo muy dentro de mí nunca lo he olvidado. Lo siento tan cerca de aquí, lo llevo muy dentro de mí.”
Julieta Venegas

JM: Cuando uno no espera cosas, las cosas que llegan tienen mejor sabor, son más ricas. Así que mejor no esperen nada. Pero lo que yo espero de mí mismo es sorprenderme y renovarme continuamente, no dejarme ganar por el desánimo y seguir trabajando por las cosas en las que creo. Ah, y espero que mis cuadros les gusten a la gente.

AQL: Gracias Jorge, también estoy seguro que a las personas les gustara tus cuadros, así como tu website, que recomendamos muy efusivamente: http://www.jorgemiyagui.com

La obra de Jorge Miyagui:

Resistencia a la intolerancia

Foto vetada: El Kimono

Pinturas vetadas por Telefónica

Arte y Política como una forma de ser contemporáneos

   

Jorge Miyagui: Arte, política y nueva radicalidad Entrevista por: Arturo Quispe Lázaro y Juan Tokeshi

Sara Joffré y algunas voces jóvenes
Sara Joffré

Tres cuentos cortos
Walter Melgar

El Mero Macho de Miami
Jorge "Cucho" Sarmiento

3 poemas
Willy Gomez

Marita Troiano
Presentación

Mexicanos en Nuevo York
Gabriela Zamorano, Tepeyac

 
   

Interculturalidad Nº 3
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