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La historia según la poesía de Marita Troiano Raquel Chang-Rodríguez
Distinguished Professor
City College-Graduate Center
City University of New York (CUNY) Marita Troiano. La historia según la poesía . Lima: Carpe Diem, 2005.
Lugar: Instituto Cervantes de Nueva York,
Fecha: 7 de marzo de 2006 Me es grato compartir con todos Uds. esta tarde en ocasión de la presentación de La historia según la poesía de la escritora peruana Marita Troiano, en un evento co-auspiciado por el Consulado Peruano de Nueva York y el Instituto Cervantes de esta metrópoli, capital, me gusta pensar, de la cultura en lengua española en los Estados Unidos, nuestra ciudad de Nueva York, querida y cantada por poetas de la talla de José Martí, Federico García Lorca y Gabriela Mistral.
Igualmente, me es grato participar en este evento porque destaca tanto la poesía peruana como la contribución de la mujer a ella. Permítanme un breve preámbulo antes de entrar en el tema. Conocí a Marita y su obra por intermedio de Jorge Cornejo Polar, caro amigo, y crítico literario con una particular sensibilidad para escuchar y calibrar nuevas voces. Siguiendo su atinado consejo hace unos años me inicié en la lectura de Poemas urbanos (1998), de Extrasístole (1999) y del libro de cuentos La noche anterior (2000) de Marita Troiano. Desde entonces he continuado leyendo su obra, y acostumbrándome a la variedad de temas que trata, a las inquietantes preguntas planteadas por las voces allí presentes –desde el porqué de la marginación de ciertos grupos hasta la rabia ante las arbitrariedades de la historia tan bien explicitada en su poemario más reciente que hoy se presenta. Tenía razón Cornejo Polar cuando me recomendó leer esta poesía; tuvo razón Francisco Bendezú cuando indicó que el primer poemario de Troiano, Mortal in Puribus , la situó, en 1996, año de su publicación, entre las destacadas representantes de la nueva poesía escrita por mujeres en el ámbito peruano. Quisiera ahora situar la tarea poética de Marita Troiano acudiendo a dos sectores que creo atrayentes para comprender las preocupaciones evidentes en su lírica y cómo ésta se ubica en las letras nacionales: por un lado el terruño natal, y por otro los orígenes de la poesía peruana en lengua castellana. Marita es de Chincha, hoy día una provincia del Departamento de Ica, antiguamente parte del imperio incaico, sometida por el inca Túpac Yupanqui. Según nos cuenta el gran cronista Cieza de León, cuando la hueste española llegó a la zona encontró más de 100,000 “varones” en el fértil valle de Chincha. La catequización de esta numerosa población se le encargó a los frailes dominicos; por su conocimiento del quechua y por su interés en esa lengua, en esta tarea participó Domingo de Santo Tomás. Recordemos que la Gramática o Arte de la lengua general de los indios del Reyno del Perú (1560) y el Vocabulario de la lengua general del Perú (1560) son producto de ésta y otras experiencias suyas en el virreinato antártico; publicadas en Valladolid, ambas obras dieron cuenta a los humanistas interesados en temas americanos de las complejidades de esa lengua. Posteriormente, a fines del siglo XVII, cuando la población nativa había disminuido notablemente, a la zona de Chincha, llegaron en gran número esclavos africanos quienes participaron primero en la producción agrícola, y después en la explotación del guano. Más tarde, en particular durante los primeros cincuenta años del siglo pasado, este mosaico cultural se enriqueció con la llegada de inmigrantes italianos, entre ellos una de las ramas ancestrales de Marita. En el patio de su casa la niña Marita escuchaba los cuentos de la “nona”. Así, pelando payares con la abuela italiana y la madre criolla, desarrollando una actividad estrictamente femenina y circunscrita a la cocina o al patio, la escritora en ciernes se inició en la singular tradición oral de Chincha: los cuentos y leyendas que amalgamaban el saber y las experiencias indígenas, africanas, europeas –en su vertiente mediterránea, ya hispánica, ya italiana. Estos relatos estaban llenos tanto de fantasmas y brujas como del ambiente cotidiano de Chincha cuyos sucesos, personajes y objetos la oralidad rescata y resemantiza. En una entrevista reciente, Marita reconoció la importancia de esta etapa formativa en su carrera ( www.laesquinaregional.com/ediciones/ed14/
14_mujerescontando.htm , fecha de consulta 8 de marzo 2006). “Los chinchas”, un poema de la colección que comento dedicado a la “patria chica”, describe a los antiguos pobladores y su peculiar relación con dos grupos de conquistadores --primero los incas, y después los españoles. La voz lírica del poema se regodea en describir un intercambio donde la conveniencia, la convivencia y el simple gusto por la vida aparentemente desplazan el conflicto armado en ambas etapas históricas. En este sentido destaco la mención del sujeto lírico de un seguramente apócrifo tratado de 1538, Crónicas del buen comer de las Indias , donde un tal Rivero o de Rivera privilegia la gastronomía de la zona. Por medio de esta no casual referencia, la voz poética hace desfilar los principales platillos de la cocina chinchana: la carapulcra, la sopa seca, el colao; y, más importante aun, de este modo reitera la importancia de los espacios femeninos que nos remiten a la historia de la patria grande o del terruño natal, a la biografía de la poeta. El proceso de mestizaje, explica el sujeto lírico, continuó en Chincha cuando a la zona arribaron “fuertes hombres y . . . bellas mujeres con piel color del ébano/ que llegaron del Congo, de Ghana y de Guinea . . .” (p. 212). Así contada, esta historia de Chincha privilegia otra visión de los hechos donde impera la convivencia, y se afirma la centralidad del espacio femenino y las actividades que allí se desarrollan. Marita comenzó a escribir en serio a la edad de 40 años. Según ha explicado, llegó a Lima enferma después de un viaje a Europa. En un arrebato tomó la pluma a eso de las tres de la tarde; no la dejó hasta bien entrada la madrugada. Sin embargo, nosotros, sus lectores, al percatarnos de la ternura que impregna la representación de lo diario --pensemos en “Aspasia de Mileto o nadie sabe para quién trabaja”--, del interés hacia quienes viven en “los bordes” -- una constante de su obra poética--, reconocemos la presencia de la sensibilidad y del saber adquiridos por medio de la oralidad chinchana, a través de los relatos de la “nona” que escuchó en la cocina o en el patio de su casa. Así, Chincha, tierra caliente y de inmensos arenales, tierra de pisco y de pécanas, lugar de asentamiento y mezcla de esas “variadas sangres” que conforman el mosaico étnico y cultural peruano, cuya geografía y mitos han marcado la obra de, por ejemplo, Antonio Gálvez Ronceros, se afirma de muchos modos en los escritos de Marita Troiano y en las voces por medio de las cuales nos acercamos a una abigarrada humanidad y conflictiva realidad. La historia según la poesía debe interesarnos por muchas razones: trae al centro del debate cultural a personajes olvidados –en su mayoría mujeres: Aspasia, Artemisa, Friné--; sus voces aportan una visión diversa de los hechos; los versos nunca dejan de sorprender; una risueña ironía tiñe el discurso y socava la historia tradicional rellenando sus oquedades. Veamos cómo la voz poética realiza tal operación. En “De signos, escribas, tinta y papel”, el último poema de la colección, el sujeto lírico da cuenta de la invención de la tinta en la China. Vale recordar que, según el archivo histórico, en ese país la tinta se usaba originalmente para ennegrecer los caracteres esculpidos en la piedra; era una mezcla del hollín que provenía del humo de los pinos y el aceite de las lámparas mezclado con la gelatina de la piel de los burros y con el almizcle. Esta mixtura cuya invención se le atribuye al filósofo Tien-Lcheu (2697 a. de C), se popularizó para el 1200 (a. de C.). La voz lírica de La historia según la poesía ofrece, sin embargo, otra versión. La tinta, Nació en el siglo V d.C., en China. . . .
En la cocina de madame Siu-Tang-Li,
cuando por casualidad se mezcló el hollín de sus ollas, expuestas a la casera lumbre
con un poco de cola soluble al agua … Días después,
Wei Yung acaudalado ciudadano cantonés
le compró la receta a la señora Siu-Tang-Li.
La produjo en serie y la distribuyó bajo el nombre de tingtang
y después como tinta china simplemente. . . (pp. 262-63).
El gran invento queda reducido a la casualidad; la inventora es ahora una mujer; y el lugar de los hechos no es otro sino la cocina. Con razón, Sor Juana Inés de la Cruz en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1692) comentó: “Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”. Curiosamente , La historia según la poesía también nos remite a los orígenes de la lírica escrita en castellano en el Perú virreinal, a Clarinda y Amarilis, dos mujeres conocidas únicamente por sus seudónimos; la primera es autora del “Discurso en loor de la poesía” y la segunda de una epístola o carta poética a Belardo, seudónimo del dramaturgo español Lope de Vega. La defensa de la poesía de Clarinda ha llegado a nosotros porque la insertó en su Parnaso antártico de obras amatorias (Sevilla, 1608) el peripatético poeta sevillano Diego Mexía de Fernangil; y digo peripatético porque anduvo tanto por los virreinatos de Nueva España como del Perú. Mexía de Fernangil incluyó en su Parnaso los versos reivindicatorios de Clarinda como preámbulo a su propia traducción al castellano de las Heroidas de Ovidio. En esta obra clásica, conviene recordar, mujeres de la Antigüedad, preguntan, indagan, lamentan su suerte y piden explicación a maridos y amantes ausentes. En su introducción, el bardo sevillano realiza una singular equiparación: caracteriza a Clarinda de A [h]eroica @ , y la coloca en un plano de igualdad a las corresponsales de las Heroidas. El corolario lógico de este encumbramiento sería: como las voces de las mujeres famosas del mundo clásico, la voz femenina y americana de Clarinda merece ser escuchada y fijada para la posteridad –si Ovidio recuperó la palabra de las antiguas, ahora Mexía lo hace para la anónima poeta peruana. En más de un sentido La historia según la poesía de Marita Troiano se vincula con esta tradición lírica y esta temprana traducción peruana de las Heroídas de Ovidio dada a la estampa por el bardo sevillano. Veamos por qué. Como Mexía de Fernangil -- y antes Ovidio--, Troiano muestra un deseo de aproximarse al devenir de los sucesos desde una perspectiva diversa. En este sentido su tarea poética se entronca con una constante línea de la poesía peruana -- recordemos, por ejemplo, Comentarios reales (1964) de Antonio Cisneros. Como antes hizo Mexía, Troiano recupera la voz de la mujer y le ofrece un espacio poético. Por todo ello, las múltiples voces que escuchamos por medio de la lírica de Marita Troiano merecen ser apreciadas y leídas: dan cuenta de una personal y atrevida recuperación de la historia colectiva e individual; y, al mismo tiempo, muestran tanto la detenida reflexión como la veta lúdica que conforma los cincuenta poemas de La historia según la poesía. Parte: 1 2 > Poemas
Antología
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