Accesa a los números anteriores
Buscar | Contáctenos | Portada
Inteculturalidad: Puntos de vista Interculturalidad: De fondo Interculturalidad: Encuentros y Des-encuentros Interculturalidad: Cultura Chicha Interculturalidad: Diversidad sexual Interculturalidad: Horizontes Interculturalidad: Lo mágico terrenal Interculturalidad: Sonidos Interculturalidad: Expresiones

Puntos de vista:

Ud. defraudó a miles de paisanos

Especial sobre la migración internacional "Los de afuera": Migración internacional, exclusión social y transformaciones culturales

La canción criolla en la otra orilla: una mirada musical sobre la inmigración peruana en Japón

El Afroperuanismo en la reconstrucción de una identidad nacional diaspórica

Peruanos en la Argentina: Reconstrucción de identidades

La Mitad del Sueño Americano

El impacto de la inmigración en el crecimiento económico de los países desarrollados

Relaciones Interculturales: Desde la ventana subjetiva de una estudiante extranjera

Políticas culturales e inmigración: experiencias y reflexiones. Barcelona, España

Vigilia: hay fuego en el Bronx

Cuitas desde Nueva York

Encuentros (pieza de teatro sobre Paterson, Nueva Jersey)

Ica y el terremoto en el Sur del Perú

Infografía

Cronica de un SISMO anunciado

Ica y su reconstrucción

Los hostales de Lima, el Punto G de la ciudad

Golpe al Corazón
Ataque del MRTA a la casona del embajador japonés

La legal ineficacia:
Problemas de la aplicación de la normatividad en las comunidades campesinas

La Carencia del Principio de Igualdad y la Esclavitud como forma de legitimada a inicios de la República peruana

Las trabajadoras del Hogar: Derechos inalienables

¿Es como de la familia?
Trabajo en servicio doméstico en el Perú

El reto de la educación para las trabajadoras del hogar

 

¡Conozca nuestro Blog!

Encuentros y Desencuentros

[Versión PDF]

Crónica
Golpe al Corazón
Ataque del MRTA a la casona del embajador japonés

Juan Tokeshi G.Sh.

El día martes del 17 de diciembre de 1996 el grupo armado del MRTA, Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, toma por asalto la casona del embajador japonés ubicada en el distrito acomodado de San Isidro en Lima, Perú. En esos momentos el embajador japonés en el Perú Morihisa Aoki y su esposa ofrecían una recepción por el natalicio del Emperador del Japón. A la recepción asistieron personalidades de la vida política, social, económica, militar, eclesiástica y cultural del Perú. Juan fue invitado en calidad del cargo que ocupaba en el Centro Cultural Peruano Japonés, Director de Cultura. El junto con otras 600 personalidades vivieron momentos muy tensos. Todo empezó pasadas las 8 pm. de una noche calurosa. Aquí su relato.

...HORA CERO

BOOM. Un leve destello entre naranja y rojo -a la manera de fuegos de artificio- asoma tras la espalda de mi interlocutora, en dirección al bar de la reunión. Boom, aparentemente inofensivo, que pensamos será un coche-bomba al exterior de la residencia del embajador. Intento retomar el diálogo, pero encuentro a otras personas a mi alrededor. Me entero de la hora: 8.22 p.m. El aparente orden del tablero de ajedrez se ha quebrado; un ligero golpe en uno de los lados del tablero nos ha movido.


...RA,TA,TA

30 segundos después...Ra,ta,tá...Ra,ta,tá... Soy de los últimos en reaccionar y perder la verticalidad, me rodea una «alfombra de cuerpos» (casi seiscientos como lo comprobaríamos después). Tan apretujados estamos que mi humanidad sobresale; estoy apoyado entre cuerpos unidos por el palpitar de corazones amplificados por la agitación. Ra,ta,tá... Tengo un buen puesto de observación, reconozco a dos circunstanciales cuerpos en el jardín y les cuchicheo lo que observo por el rabillo del ojo: «hay dos o tres en el fondo del jardín, deben ser de la seguridad» (quién podría haber dudado, en ese momento, de gente armada, vestida de negro y verde oliva con el rostro descubierto). Error. Cientos de ra,ta,tá... «Somos del MRTA.» Lo repiten «descifrando» cada letra. Una imagen surrealista cruza mi mente: «¿no será que he cruzado el umbral y estoy en la pantalla?». Segundo error. El olor a pólvora me vuelve a la realidad... Cientos de ra,ta,tá...


...30 MINUTOS DESPUES

Rostros de sorpresa y de preocupación percibo en la marcha forzada hacia el interior de la residencia. Tiempo interminable, debe ser 30 minutos después de la hora cero. Nos vamos mirando y reconozco rostros de amigos; en tan singular ocasión parecemos prisioneros de guerra con las manos entrelazadas tras la nuca. Entre todos cubrimos a un militar de alto rango con la mirada perdida; al cruzar el umbral de la puerta decide sacarse la polaca e intercambiamos nuestras corbatas (una negra con soldados de plomo adorna ahora el cuello del aviador; si no será paradójico, me digo). La presión de los momentos vividos dobla nuestras rodillas, estoy sentado en el gran estar. Pausa y silencio interrumpido por los gritos de personajes encapuchados. De repente «olas blancas» cubren el verdor del jardín: son bombas lacrimógenas. Felizmente la experiencia de movilizaciones políticas me aconseja empapar corbata y pañuelo en líquido, y lo hago con el sabor especial de un vaso de «Cuba libre». Ni bien sonrío por la nueva utilidad del trago, una segunda ola, mayor, hace imposible respirar (salvo para los «soldados emerretistas», que agregan máscaras a sus rostros); ¿no será el anuncio de un ataque desde el exterior?


...DIEZ MINUTOS ANTES

Mis amigos saben de mi costumbre de llegar con una hora de retraso. «Qué martes terrible en el trabajo», me repetía. La ducha y la muda de ropa, salir ligero y encontrar un tráfico pesado de vísperas de navidad. El conductor del taxi que equivoca la ruta y me obliga a caminar las tres últimas cuadras hacia la recepción. «Un ambiente de relajo», me digo. La policía y la seguridad de los políticos que «están y no están», un «control sin control» en el ingreso exterior. Me dirijo raudo a la mansión -al estilo de Lo que el viento se llevó , como detallaría una revista local-, el saludo protocolar con el mismísimo embajador Morihisa Aoki, y a darse una primera vuelta. Cruzo entre mesas -donde las fuentes destacan por su desnudez-, saludo a conocidos y una amiga me entretiene con su charla. Siento un vacío y sólo alcanzo a probar un aperitivo. BOOM.


...EMPADRONAMIENTO

Los latidos vuelven a ser acompasados, sin agitación, como un reflujo en la vorágine. Tiempo de espera, el cuerpo pide descanso, estamos entre reclinados y sentados. Empiezo a pasar revista a lo acontecido: la imagen de las mujeres-japonesas-embajadoras, vestidas de kimono, y lo graciosa que se veía una de ellas disfrazada de empleada de limpieza, con delantal incluido; y la fuga espectacular de una especie de «aparecido» monigote -identificado después como militar-, que puso en peligro la vida de todos («...que nadie intente salir, no acepto ni locos ni rambos, o les disparo al cuerpo», amenazó «el árabe»). Es medianoche y se inicia el empadronamiento con todos los invitados varones en el primer piso: primero diplomáticos, después los políticos, luego uno a uno nos vamos identificando...(-¿y en qué trabaja?; -soy arquitecto y trabajo en DESCO, afirmo; -los que publican QUEHACER , es su irónico comentario). Seleccionados, pasamos a nuestras «celdas» (dormitorios de la segunda planta que bautizaremos después como pabellones). El tedio de la madrugada es interrumpido por un grito: «Lucas, llévame a mi casa» trina un invitado, que posteriormente resultó ser diplomático, vuelto a la razón tras los tragos.


...PRIMERA NOCHE-DIA

Madrugada de insomnio, entre cuerpos que por la oscuridad no logro reconocer. El ambiente donde estoy es un clásico 5x5 metros, con dos camas, un closet, una puerta central al corredor, y una segunda que se comunica con el baño. Con la luz de la mañana encontraré otros detalles: zapatos de tacón, cajas de labores femeninas; es un ambiente casi aséptico con paredes desnudas y en un extremo el codiciado aparato de aire acondicionado. El bautizado «pabellón G» se ubica en un ala de la mansión y nuestra visión desde la ventana será el jardín interior. Luz de día que recién gozaremos en su totalidad desde la tercera mañana, pues una doble cortina ocultaba la vista del verdor y los sabores envidiables de los tragos en el bar. Día sin prisa. Cruzamos las primeras palabras con nuestros compañeros de cautiverio; reconozco a cuatro entre los treintaiseis sorprendidos rostros que voy dibujando y memorizando. Grupo heterogéneo -de oficios, nacionalidades y costumbres distintas- que a media tarde logro armar. Me siento como intermediario entre mis vecinos -medio peruano, medio japonés, medio joven, medio dirigente, medio profesional-. Votación de por medio, resulto el delegado.


...PRIMERA COMIDA

Un bocado de los dioses resultó el onigiri , una masa de arroz tibio esta vez sin relleno, servido al atardecer del miércoles. En treintaicuatro horas sólo había probado un pisco sour, y en la mañana la lata de «conservas de sobrevivencia» (galletas de agua acompañadas de caramelos con apariencia de cristal) que nos repartieron. Probé más de una lata, pues varios la dejaron abandonada al ver que la fecha de consumo estaba vencida. Después seguiría medio sánguche mixto a la noche. El segundo día será de «alimentos en quebrados»: en la mañana un quinto de pan y un cuarto de ración como almuerzo-cena; y de líquido bidones de agua natural. Con los días la calidad de las comidas y su distribución mejoraría. Para mí fue comer con moderación -«dieta especial» la llamo-, lo que haría de mí una figura menos curvilínea.


...TECNOLOGIA LOCAL

¡Qué desgracia! Después de dieciocho horas, la taza del inodoro no soporta más las descargas de 92 inquilinos, que no puede ser evacuada porque hemos agotado las provisiones de agua de la cisterna. Nos lamentamos de lo tontos que fuimos la primera noche: una micción hecha un hilito, sin ruido y con pausa, como quien no quiere molestar a los inusuales huéspedes del baño, luego jalar la palanca y... adiós 10 litros de agua. Ahora sólo contamos con los bidones de agua estrictamente racionados. Nos reunimos los técnicos: el reto es ahorrar el preciado líquido. «Nos basta un volumen de siete litros, pero sin perder la presión por la altura de lanzamiento.» Teoría y práctica: experimentamos con un envase de plástico de dos litros, lo llenamos de agua y lo ubicamos como lastre en el tanque del inodoro. Cruzar los dedos y seis pares de ojos están atentos a la catarata de agua. ¡Eureka!, lo hemos logrado. Aplausos y abrazos.



...MIS COMPAÑEROS

Hombre precavido vale por dos reza el refrán. Aunque a veces me percibo «menos que la unidad», siempre llevo en los bolsillos del saco una libreta de notas con su respectivo lapicero y un libro portátil -esta vez, a propósito de una charla con mis compañeros de trabajo en DESCO, llevé a Cortázar y su Historias de Cronopios y de Famas . Cuán útil y estimulante resultó la lectura grupal y compartida por todos en las mañanas. Fue como el dulce luego del desayuno: jugábamos a encontrar nuestra identidad de fama-infra-vida, esperanza-para-vida, o cronopio-super-vida. Ahora que lo releo, veo una nota subrayada: «como me sentía...» [La Foto salió movida...sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías...]


...LA LLAVE

Romper la rutina. Sentirnos útiles, más allá de dormir-comer-conversar-leer-etc.-etc. Sesenta horas después, «matamos» el tedio con la curiosidad. Ocurrió en el baño: alguien (que nunca logré identificar) se encerró contra su voluntad y por torpeza bloqueó el segundo golpe de la chapa de la puerta. Señores, el espectáculo se inicia: sabios todos, aconsejamos, sugerimos y probamos. Más de medio centenar de inquilinos manipulan la llave del «ábrete sésamo». Determinamos que se ha roto un pin. La alternativa es abrirla desde el interior -ingresamos por la puerta que comunica con el cuarto-, pero aun así resulta imposible. Necesitamos un instrumento plano. Me acerco a «la gringa» y le hago un pedido: «¿me prestas tu cuchillo, por favor?» Ella accede, olvidando su papel de celador, y el convencional aparato-arma de acero y mango de plástico da en el clavo -o pin-. Un atronador ¡ahhh! acompaña al movimiento de la puerta al abrirse. Telón.


...36 PARES DE ZAPATOS

Lo que vale ser deportivo en la vestimenta. «Que si voy de terno y corbata, en alguna prenda debo ser particular...» Ya estamos a jueves y en la mañana recibimos la visita médica, que nos sugiere «permanecer descalzos en el cuarto-pabellón, pues al estar al lado del baño nuestros zapatos de seguro regresan con microbios y, lo peor, puede sobrevenir una epidemia». Ja, ja, ja. Mis compañeros japoneses -que suman 19- deben sentirse como en casa: vuelven a la tradición de «zapatos en la puerta». El problema vendrá por las mañanas: los ordenados zapatos han sido arrumados en la madrugada por los «soldados emerretistas» y forman una montaña: 35 pares de zapatos negros y uno de marrón-gamuza. Tan distinto, que de día y de noche es reconocible. ¡Son mis zapatos!


...EXTRAÑAR EL TRABAJO

Es viernes al amanecer, 58 horas han transcurrido desde el momento cero. Una sensación de vacío recorre mis pensamientos: las actividades y labores internas se «normalizan», tengo más tiempo para conversar conmigo mismo. Cuánto trabajo he dejado pendiente -cómo estará la construcción de las casas, los planos, los informes, las ilustraciones. Sonrío, y pienso en lo útil que sería tener el maletín conmigo.


...UN DIA COMUN

O.70 metros cuadrados de ambiente nos corresponde matemáticamente a cada uno los 36 miembros del «pabellón G». Parcela tan pequeña que expulsa, todas las noches, a por lo menos ocho compañeros a dormir en el corredor. Zzzz.Zzzz. El día se inicia al alba «marchando al baño» (generalmente entramos de tres en tres), donde cada espacio tiene una función -los líquidos, los sólidos, dos tazas de agua de bidón para una limpieza al estilo gatuno y la higiene bucal en improvisados lavatorios en el corredor. Desayuno alrededor de las ocho, y luego las tareas de limpieza, con aspiradora incluida. Nos pasa revista un «oficial emerretista», que recibe nuestra queja diaria por la falta de espacio, para luego derivar en el diálogo político -ellos, «de profesión revolucionarios». Conversaciones, juegos de mesa, lecturas, intentar entonar alguna canción y en el momento menos pensado salta un chiste o una anécdota -que suena bien de cualquier localidad: en mexicano, en japonés o en versión criolla de Lima y las provincias. También hay los que pestañean y algunos disciplinados deportistas que intentan mantenerse en forma con rutinas gimnásticas en tiempo de espera. Nada se libra al azar, inclusive contamos con un área para fumadores: el corredor (una nota para el «abastecedor del vicio», el mismo embajador, que personalmente incursionaba a diario en el almacén de la casa: cigarrillos Mild Seven y dulces japoneses, eran el tesoro que traía). Chasquido de dedos. De pie, en cuclillas, reclinados y también sentados, todos buscamos la mejor posición. Y en momentos de «libertad» asomarse por las ventanas, escenografía de verdes y claroscuros, vistas en recuadros diagonales -debido a la rejilla a manera de colador para impedir entrar... o salir, ya no entiendo. Los de espíritu aventurero, sacamos otras ventajas, como incursionar en los otros pabellones -en mi caso el «pasaporte de delegado» me permitía excursiones por la planta baja. El almuerzo y la cena en charolas de papel aluminio, frutas y dulces, y todos los sabores del agua natural en bidón. En algún momento me imaginé ser un moderno Robinson Crusoe, en una «isla-residencia», cercado por un «mar de armas», y donde las pocas cosas que tenían sentido se contaban con los dedos de las manos.


...CONCIERTO NOCTURNO

Se afirma que no hay mejor manera de conocer a su pareja que compartiendo una noche, acompañados de los ruidos broncos. Zzz. Chh. Fuu. Bii. Achis. Grr. Cra. Zzz. Me permito teorizar que los ronquidos son casi como las huellas digitales, distintas una de otra, con detalles de eco y amplificación. Inimaginables en sonoridad y compás, pero esta vez producida por cientos de malos músicos, donde los «instrumentos» tan cercanos se bloqueaban y sonaban a ruidos de orquesta de barrio. Zzz.


...ZAPPING

Qué terrible resulta ser protagonista y televidente. Bronca e indignación, luego soportar con humor las sandeces que se informa. Después hacer zapping y compartir la «maravilla del cable»: fútbol, telenovela, una película de Trinity -aprender a ver sin mirar, dejar que las imágenes pasen delante de los ojos, obligarse a no pensar. Al final, aburridos, el clic. La realidad. Telón.


...LOS 13

La pregunta de todos. Insistencia de periodistas, curiosidad de familiares y amigos. Les explico mi sistema de «identikid»: les puse un nombre propio -o anoté las denominaciones del sistema de identificación de los captores, una numeración marcada en el pañuelo (7, 12, 21) y/o un apelativo geográfico (árabe, americano, salvador)- y, lo más importante, los dibujé en la memoria y en la libreta (evitando mimetizaciones, pues a pesar del rostro descubierto, la ropa generalmente negra, combinada con prendas en negro y azul, sumada al inconfundible acento «charapa» de la mayoría de ellos, permitía confundirlos). La libertad de subir y bajar como Pedro por su casa me permitió ubicarlos en el cuartel, en los puestos de control y contabilizar a los que permanecían en la escalera-dormitorio. En jerarquía: el «comandante», tres «oficiales» y la «tropa». De los «jefes» recuerdo la voz monocorde, segura y de «mensajero político» del «comandante»; los ojos vivaces y el carácter campechano de «el árabe»; y la pinta de bravo con corazón a toda prueba de «Salvador». Seguramente quienes más llaman la atención son los «pelados guerreros» que bauticé como tomahakw : cabeza rapada como barra-brava y un penacho de cabello tipo cerca sobre la frente a la manera de un gallito de las rocas (según ellos los soldados deben llevar el cabello corto para evitar ser cogidos -y agrego yo, si no será por las ideas cortas). Y las tres chicas (dos tan parecidas que la mayoría las confunde, y la «gringa», blanquiñosa y coqueta -es la única a quien una mañana descubro reflejándose en un espejo de maquillaje).


...DIA FINAL

Domingo en la mañana. Ciento ocho horas de cautiverio. El malestar que crece por la noche anterior que cerró muy mal: con la frustrada posibilidad de la ducha de las nueve de la noche, la caída de la luz, así como de nuestra voluntad (y eso que un ingeniero acertó al pronosticar las horas de corriente de que disponíamos), y el discurso no escuchado del presidente (recibido por «teléfono malogrado» y comentado ácidamente por los «oficiales»). Tan mal nos sentíamos en el «pabellón G» que sólo la tercera parte de nuestro grupo se animó a probar bocado. Era un manto negro frente a la claridad de la tarde anterior, dominada por la euforia: la correspondencia y la muda de ropa recibida, sumada a la conexión televisada en vivo que alentó las esperanzas de salida de todos. Felizmente, con el amanecer y el desayuno, llega el «angel salvador» -el delegado de los delegados-: nos transmite los resultados de la entrevista con el «comandante» y el acuerdo de una jugada maestra -en el ajedrez de la vida se ha de pasar de la apertura al medio juego, «gambito calculado»-. La misa que todos escuchan y respetan -aun los no católicos-, una mística que levanta el espíritu y nos alimenta con nueva energía, y al final un coro que pensamos resuena más allá de las cuatro paredes de la residencia. Como por acto de magia la sensación de pesar gira ciento ochenta grados. Los «jefes» nos reúnen en el estar del segundo piso, y entre hojas de hojas pasan revista a una lista muy especial. Entre apellidos mal pronunciados mencionan el de amigos y conocidos de antes, y de ciento doce horas. Alegría, sorpresa, y pena por quienes se quedan. Volvemos por nuestras pertenencias. Dejo como herencia el cartón de notas y la lista de la «G» con mis compañeros que no podrán acompañarnos. Abrazos que se dan con el alma.


...AMANECER DE NOCHE

Larga espera. Diez horas últimas que parecen toda una vida. Listas y más listas, nombres y apellidos escritos en una docena de papeles y documentos, números que parecen no coincidir (más de una vez trato de contarnos, la memoria no da más, abandono la aritmética). Boom, boom, esta vez de los agitados corazones. Percibo la ansiedad de cientos de cuerpos por el encierro final en los salones de la primera planta. La oscuridad del cuarto donde permanezco es iluminada por el parpadeo de los flashes y de los reflectores que intentan asomarse desde la calle. Cabildeos e incomodidad. La inicial cita de salida de las 8.15 p.m. no tiene cuando comenzar. Boom, boom, porque falta tan poco. Por fin la salida, marchamos en fila india y en grupos de cincuenta. Me corresponde el segundo grupo y una última tarea me encargan: velar por seis ingenieros japoneses recién llegados a Lima. Compañeros hasta el final (lástima que abandonaran Lima casi al día siguiente). El camino se hace interminable. Percibo luces y saludos. Boom, boom, ya somos libres. El desorden posterior -de policías y políticos- no puede empañar la alegría del momento. Gentes que no conocemos nos vivan y agitan banderas. Para mí, es paz espiritual y reflexión interior; me cuesta exteriorizar mis sensaciones. La libertad es un camino de ciento veintidós horas. ¡Viva la libertad!

 

26.I.97

 

De Fondo

Las mil caras del racismo: NO a la discriminación, NO al racismo

De Fondo
Encuentro de Zorros
Educación e interculturalidad

De Fondo
El Quinto Suyo, afrodescendientes en el Perú

Diversidad Sexual
El amor no discrimina

Diversidad Sexual
En el fuego

Diversidad Sexual
Candidatos presidenciales del 2006. El Francotirador

 
   
Inteculturalidad: Puntos de vista Interculturalidad: De fondo Interculturalidad: Encuentros y Des-encuentros Interculturalidad: Cultura Chicha Interculturalidad: Diversidad sexual Interculturalidad: Horizontes Interculturalidad: Lo mágico terrenal Interculturalidad: Sonidos Interculturalidad: Expresiones

Interculturalidad Nº 4
¡Buscar! | Colaboradores | Contáctenos | Ediciones anteriores | Weblog
Puntos de vista | De Fondo | Encuentros y Des-encuentros | Cultura Chicha | Diversidad Sexual
Horizontes | Lo mágico terrenal | Sonidos| Expresiones

Derechos reservados © Construyendo Nuestra Interculturalidad